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sábado, 24 de agosto de 2013

Los Opencourseware: la universidad abre sus puertas

La historia oficial de los Recursos Educativos Abiertos empezó, de hecho, con los Opencourseware, cuando al MIT se le ocurrió la locura de ofrecer el acceso libre el contenido de 32 cursos en el 2002. Hoy en día son más de 2000 a lo que uno puede asomarse dentro del MIT, ya sea para ver su syllabus, tomar sus exámenes, leer sus notas didácticas y las lecturas del curso o incluso ver algunas de sus clases grabadas en video o audio. Así que si quieres estudiar lo que el MIT ofrece puedes hacerlo desde tu casa, en pijama y con tu cafecito caliente a la mano. 

¿Qué sentido tiene para una institución privada hacer eso? El miedo a que sus alumnos protestaran por estar pagando por un servicio educativo que, de cierta forma, se ofrecía gratis en línea, era uno de los riesgos evidentes de la apuesta. Sin embargo, dos años después de su implementación, la demanda de cursos del MIT en lugar de caerse aumentó, y el prestigio de sus profesores, cuyos cursos estaban expuestos, literalmente, a la mirada de todo el mundo, también. El movimiento de  los Opencourseware había ganado su primera batalla.

¿Cómo funciona?

 Fácil. Te vas al portal de la universidad donde están recopilados estos recursos. En el caso del MIT sería: http://ocw.mit.edu/index.htm. Allí debes usar herramientas de búsqueda para llegar más rápido a los recursos que te interesan. Puedes ir a un departamento concreto y ver qué áreas de conocimiento abarca y qué cursos. O bien, que es lo que yo suelo hacer, puedes buscarlo por "Topic", osea, partir de ciertas áreas que te interesan y ver qué especialidades te llaman más la atención. Después puedes filtrar la búsqueda a ciertos tipos de recursos (por ejemplo... que la máquina te dé acceso sólo a clases grabadas, o sólo a syllabus, o sólo a materiales de lectura de esos cursos). Y una vez que delimitaste la búsqueda se despliegan una serie de cursos. Clicas en ellos y puedes ver los materiales que contienen. 

Paso 1. Buscar por "tema"

Paso 2. Elegir tema y especialidad

Paso 3. Elegir un curso

Paso 4. Elegir recursos concretos de ese curso

Aguas!, no significa eso que todos los cursos del MIT ofrecen todo lo que hacen dentro del curso en línea. Hasta donde sé, depende mucho del departamento y del profesor el grado de generosidad. Algunos sólo ofrecen su syllabus. Otros sólo la bibliografía del curso. Algunos incluyen exámenes pero muchos otros, la mayoría, no. Por el contrario, algunos ofrecen la posibilidad de enrolarte en el curso y recibir una simbóliuca constancia. 

Aquí hay un listado de los Opencourseware de universidades de referencia en todo el mundo: 



viernes, 23 de agosto de 2013

Un poquito de historia: los Recursos Educativos Abiertos

El concepto de Recursos Educativos Abiertos (Open Educational Resources, en inglés) nace con el siglo XXI, en el 2002, año en el que al MIT (junto con la Hewlett Fundation) se le ocurrió la extravagante idea de publicar en su portal los materiales educativos de varios de sus cursos más significativos (syllabus, clases grabadas, exámenes, unidades didácticas, etc).

Ese mismo año, la UNESCO organizó una conferencia para promover y evaluar el impacto que la iniciativa del MIT podría tener en el acceso al conocimiento y la mejora de la calidad de la educación a nivel mundial. Qué mejor que dejar que uno de estos recursos educativos abiertos, el video de Sergio Luján, desde la Universidad de Alicante, nos ofrezca los highlights de este concepto y unos brochazos de su historia reciente.



El video de Luján es el relato de una historia feliz. Sin embargo, hay mucha tela que cortar aquí. Es verdad que el auge de los REA es innegable, pero hay vientos en su contra. El movimiento cuenta con el decidido apoyo de las más prestigiosas universidades del mundo (MIT, Harvard, Yale, Oxford, entre otras), el apoyo de la UNESCO y de los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea, la ética creciente del "sharismo" fomentada en internet y el bajo coste y facilidad tecnológica con la que pueden elaborarse y compartirse esos recursos. 

En cambio, en contra tiene la cultura de la propiedad intelectual del mundo editorial académico, la mentalidad conservadora del mundo académico, con instituciones y profesores acostumbrados a no compartir sus materiales, la falta de filtros que garanticen la calidad de esos materiales y la escasez de estímulos académicos (en forma de remuneración a la enseñanza o de acreditación del aprendizaje) que reconozcan el conocimiento proporcionado por los REA. 

La batalla aún no está ganada. El partido, aún, está por disputarse.